Nunca te rindas

Escrito originalmente en Inglés por Moe Diab

Traducido al Español con permiso del autor

 

'Soy un Palestino - Estadounidense. Nací y crecí en San Diego, California. Me criaron para estar orgulloso de mi herencia y cultura Palestina, y para ser consciente de las luchas diarias de los Palestinos y la opresión, debido a la ocupación Israelí. Mi educación americana me inculcó el aprecio por la libertad, la justicia y la igualdad. Sin embargo, nunca entendí realmente el significado universal de derechos humanos en mi vida diaria Americana, hasta que las autoridades Israelíes despojaron estos derechos inalienables lejos de mí.

 

En el verano del 2004, viajé al Este de Jerusalén para visitar a mi familia. No era mi primera vez visitándolos; sin embargo, fue la primera vez en mi vida que me sentí como un vil intruso no querido. Estaba visitando a mi familia en la tierra donde mis antepasados prosperaron durante generaciones, el origen de mi cultura y tradiciones, mis raíces. Independientemente apego sentimental que sentí, fui tratado como un delincuente peligroso. Antes de esta visita, pensé que ya había experimentado la peor discriminación racial posible después del 9/11. Fui a la cama el 10 de Septiembre del 2001, un chico normal estadounidense y desperté al día siguiente etiquetado como un “terrorista” Árabe. Fui el blanco, burlado y amenazado; sin embargo, la policía local maneja las situaciones de forma razonable, la mayoría de las ocasiones. Mi epifanía comenzó a mi llegada a Tel Aviv en el Aeropuerto Ben Gurion y continuó durante todo el tiempo de mi visita. Lo que más me impactó fue el hecho de que no eran los matones de la escuela y civiles prejuiciosos implementando la discriminación racial y acoso en contra de mi familia y yo, por el contrario, ¡las autoridades Israelíes estaban administrándolo sistemáticamente!

 

Después de viajar más de un día, llegamos a Tel Aviv completamente exhaustos y ansiosos de ver a nuestra familia. Al segundo de haber puesto un pie fuera del avión, inmediatamente noté que había conjuntos de dos procedimientos aeroportuarios. Noté que las líneas de control de pasaporte parecían segregadas ser segregados racialmente. Inicialmente, puede haber sido mi falta de sueño que me llevaba a estas presunciones, sin embargo, después de esperar en la cola más de una hora para tener en mis documentos de viaje el sello, que fueron detenidos y escoltados por un oficial de seguridad a un funcionario en una sala de proyección. Todo el rato, otros pasajeros no Árabes procedieron a recoger su equipaje y a encontrarse con sus seres queridos después del control de pasaporte.

 

Fue en el cuarto de proyección donde por primera vez sentí que irradiaban una verdadera hostilidad los oficiales de seguridad israelíes, me hizo enojar. Ni siquiera era tanto la idea de ser blanco racista para ser sometido a otro a otra revisión corporal y de equipaje, a pesar del hecho que mi equipaje no había sido tocado desde que fue revisado antes de abordar el vuelo en América (EE.UU).  Fue una condescendiente y agresiva actitud de superioridad del personal de seguridad que realizó las revisiones lo que me enfureció. La manera que hablaban a mi madre  como a una criminal - apreté los puños. Con cada palabra irrespetuosa e insinuaciones infundadas hacia ella, me sentí más cerca y más cerca de perder el control. Luchando contra las ganas de defender la dignidad de mi madre, tomó todo de mí. En cuestión de minutos en esa habitación, estaba todo sudando, cada músculo en mi cuerpo estaba tenso, y mis puños estaban empezando a acalambrarse por contenerlos con tanta fuerza.

 

Siguiendo revisiones de seguridad adicionales, mi familia fue separada y cuestionada individualmente durante horas. Estaba preocupado por mi madre. Hicieron preguntas íntimas e invasivas sobre mis relaciones, redes sociales y otros asuntos que no eran de su incumbencia. Entonces fui golpeado con un aluvión de preguntas agresivas y comentarios:

 

“¿Por qué has venido a Israel? No tienes nada aquí.”

“Esta es la tierra de los Judíos. ¿Por qué la visitas si esta no es tu tierra?”

“¡Déjame ver tu teléfono móvil! ¿A quién contactaste antes de entrar al avión?”

“¡Accede a tu cuenta de correo!”

“¿Dónde vive tu familia? ¿Cuál es su domicilio?”

“¡Sabemos los que has hecho, sólo dinos quién te está ayudando!”

“Puedo sentarme aquí todo el día hasta que respondas mis preguntas, sé que estás mintiendo.”

 

No importa qué tan tranquila y honestamente respondiera las preguntas; el oficial de seguridad siempre cortaba, degradando mis respuestas con otro comentario o pregunta. Más tarde me di cuenta que esta técnica de interrogatorio sistemático fue intencionalmente utilizado para asaltar emocionalmente mi orgullo y dignidad en un intento de quebrantar mi voluntad. Se sintió inhumano.

 

Me dijeron, por el oficial de seguridad de alto nivel que me quedara sentado e instruido a no decir una sola palabra mientras dejaba la habitación para continuar interrogando a mi madre. Mi equipaje estaba siendo revisado otra vez, esta ocasión para - buscar -  residuos de explosivos. Hubo un momento, cuando la - mujer - oficial de seguridad estaba buscando en mi equipaje, después que el supervisor dejó la habitación, pude haberle dado un pedazo de mi mente pero supe seguramente que se quebrantaría y hablaría por la radio a su supervisor para hacer un ejemplo de mí. Pero algo extraño sucedió he pensado en ello varias veces. Sentí como cesaba la tensión en la habitación tan pronto como su supervisor se fue y se me ocurrió que el supervisor nos estaba haciendo sentir un tanto incómodos. Al verla a través de la pequeña sala de interrogación, se veía más relajada. Su expresión y postura cambiaron. Ella cogió mis boxers, se volvió hacia mí diciendo, “estos están lindos!” en un tono sarcástico, juguetón. En ese momento imaginé a esta joven, que no podía ser unos años mayor que yo, sintió mi frustración y simpatizó conmigo en algún nivel humano. Pero ¿por qué sería cómplice de este flagrante sistema racista si en el fondo ella sabía que estaba mal? Su comentario me confundió. Por un lado, sentí que en cualquier momento estallaría en una defensiva verbal, mi sangre estaba hirviendo, mis músculos estaban tensos, estaba en contra de todo lo que creía entre quedarme quieto mientras era deshumanizado. Por otro lado, lo hice a través de la primera etapa del cuestionamiento sin darles una parte de mi mente, y aquí estaba esta joven mujer Israelí, tan culpable como el resto de los oficiales de seguridad por complicidad, dejándome creer que ella simpatizaba, convenciéndome, que en el fondo odiaba su cumplimiento. Pensándolo bien creo que estaba haciendo un esfuerzo para normalizar la situación. Permitió a sí misma humanizarse por un momento y para mí era obvio que se sintió culpable cuando se dió cuenta que no iba a responder o sonreirle. Ella falló en sus intentos, como la segregación racial no podía ser normalizada durante el movimiento Afro Americano de derechos civiles. La única manera de normalizar la segregación racial y opresión es poniéndole fin por medio de un sistema de igualdad y justicia. La única forma en la que podía satisfacer su resistencia interior no es solamente rehusandose a cumplir con el sistema de apartheid, en esencia ser neutral, pero también dar voz a su opinión en contra de lo que se está haciendo en su nombre.

 

Después de horas de acoso individual, fuimos, finalmente liberados para encontrarnos con nuestra familia. Mentiría si dijera que fue el fin de un trato discriminatorio. Mientras manejamos de Tel Aviv a Jerusalén, estaba impactado de ver el Muro por primera vez. La construcción del Muro del Apartheid Israelí comenzó sólo dos años antes de mi visita y las intenciones ya eran obvias. Mientras nos dirigimos a lado de esta abominación de veinticinco pies de alto de hormigón con una gran cantidad de trincheras, alambre de púas, cercas electrificadas con numerosas torres de vigilancia, sensores electrónicos, cámaras de video y de video térmicos, vehículos aéreos no tripulados, torres de francotiradores, y caminos para vehículos de patrulla, me sentí preso dentro de un estado policial.

 

Durante nuestro viaje a caso y a través de mi viaje, estaba en completa incredulidad cada vez que éramos cuestionados en puestos de control por niños de mi edad. Tener a alguien de 17 - 18 años apuntando un rifle de asalto automático en mi cara mientras arrebataba agresivamente mi pasaporte americano, me dio un sentido más profundo de la forma temeraria que Israel es con la vida Palestina, en una manera que penetró mi psique. Empecé a pensar sobre cómo los sentimientos de superioridad deben comenzar temprano en la vida, a través de una retórica injuriosa y perjudicial, entonces solidificada cuando son entregados  rifles de asalto automáticos y grado militar a adolescentes y están obligados a dominar civiles Palestinos desarmados. ¿Es realmente la mejor idea para lavar el cerebro a niños en la creencia que son racialmente superiores a sus cohabitantes, luego entregarles armás letales para vigilar a sus llamados “inferiores”? ¡No! Ya hemos visto el resultado de este tipo de catástrofe y no es un recuerdo distante; pero esta es precisamente la razón por la que Israel obliga a los adolescentes a servir en su ejército. Un adulto consciente es más probable que cuestione acciones injustas y sienta remordimiento por aterrorizar a civiles inocentes. Un creciente número de ciudadanos Israelíes se niegan a servir en el Ejército Israelí. ¿Es una coincidencia que la mayoría de aquellos que se rehúsan a servir están, bien, entrados en sus veinte y principios de los treinta? No lo creo; la mayoría de los adolescentes no son capaces de tomar decisiones racionales y consecuentes. Entre mis cambios de humor, decisiones precipitadas y arranques ocasionales de ira a los 17, no estaba de ninguna manera preparado mentalmente para que me den un arma y manejar la responsabilidad que conlleva. De hecho, cometen más crímenes los de 17 años que cualquier otro grupo de edad, de acuerdo a recientes estudios por psiquiatras, la misma edad que muchos Israelíes entrando al ejército. Pero estando en este ambiente me estaba haciendo más reflexivo sobre quién era, mi vida,  y Palestina. Después de mis reveladoras experiencias con la ocupación del ejército Israelí y numerosos puestos de control de segregación racial, se hizo obvio para mí que el Muro del Apartheid solamente refuerza el sistema de estrangulamiento Israelí de permisos y puntos de control, donde los Palestinos son acosados, degradados, humillados, detenidos, golpeados e incluso [reciben] disparos.

 

Recordando y reflexionando sobre mis experiencias durante esta visita me enfurece en muchos niveles. Ser testigo que mi familia trague su orgullo, mientras se sostienen de su dignidad cada vez que fueron blanco racial para ser interrogados o una revisión del automóvil, trajo dolor a mi corazón. Mis primos solamente se preocuparon por mi comodidad, ellos fueron fuertes y serenos porque no querían que me diera cuenta de lo mucho que estaba fuera de su control. Esta era su realidad, ¿cómo podían ser tan desinteresados? Esto era diariamente su vida normal pero nada de esto era normal. No es normal tener que preocuparse constantemente sobre tus hijos siendo atacados y molestados. No es normal tener miedo constante del asalto militar, perder seres amados, detenciones arbitrarias indefinidas e ilegales. No importa qué tan tranquila permaneciera mi familia, podía siempre ver la frustración y resistencia en su alma, a través de sus ojos. No están aceptando la ocupación como norma, ellos están simplemente viviendo a través de ella, haciendo lo que pueden, lo mejor que pueden hasta que la igualdad sea restaurada y se haga justicia.

El trato discriminatorio hacia mí, como Palestino - Estadounidense no solamente es degradante; es completamente irrespetuoso hacia las relaciones Estadounidense - Israelí. Incluso es más exasperante el hecho de que el gobierno de los EE.UU. ha hecho absolutamente nada para frenar la discriminación y acoso de ciudadanos Estadounidenses por oficiales Israelíes, a pesar de los miles de informes presentados. Como Estadounidense una significante parte de mis impuestos son para financiar la milicia Israelí, seguridad y estructura económica, el mismo ejército que perfiló, me acosó, me detuvo y dijo que no les importaba si era Estadounidense. Israel no respeta a los ciudadanos de los EE. UU; sin tener en cuenta los miles de millones de dólares de ayuda que les proporcionamos anualmente. Qué tonto de mi parte suponer que mo estadounidense, Israel podría tratarme con más respeto que mi familia, dada nuestra “Inquebrantable” alianza militar y generosa contribución económica, la cual financia su ocupación militar ilegal. Sin embargo, no tengo mucho de qué quejarme a comparación de la discriminación, humillación y abuso sufrido diariamente por los Palestino atrapados y oprimidos por sus constantes invasiones violentas.

Después de regresar de mi viaje, tuve las palabras "Nunca te Rindas" tatuadas en mi espalda. Precisamente, en ese momento no me di cuenta por qué tenía el deseo de dejar cicatrices de forma permanente en mi carne con esas palabras; puede haber sido mi subconsciente haciendo alusión a mí para promover mi acción por mi inquietante experiencia. De hecho, esas palabras podrían penetrar más profundo que mi piel. Esas mismas palabras traspasaron mi piel, envolvieron mi alma y alimentaron mi resistencia intelectual. Sólo sabía que algo cambió en mí después de ese viaje. Ya no pensaba lo mismo. Ya ni siquiera hablaba de la misma manera. Percibía el mundo diferente. Empecé a convertirme en el defensor de derechos humanos que soy ahora. En los años siguientes a mi viaje, vine a aprender que el conocimiento es mucho más poderoso que cualquier fuerza militar. Educándome a mí mismo, soy capaz de educar a otros. Mediante la difusión de la conciencia, estoy despertando la conciencia dormida de individuos neutralmente compatibles. El conocimiento es la amenaza más peligrosa para un sistema de opresión injusto. 

Independientemente de las dificultades anticipadas que pueda enfrentar, planeo visitar a mi familia en Palestina pronto. Así que ¿qué si me detienen e interrogan de nuevo? Es su manera de difundir miedo en los corazones de aquellos que desean visitar su amada tierra natal y familias. De toda la gente, el gobierno Sionista debe saber, que, como Palestinos no vamos a renunciar a nuestro derecho de retornar 65 años después de ocupación, especialmente considerando que los Sionistas claman ése mismo derecho después de más de 2,000 años. Estoy seguro que la intimidación, el acoso, y el trato vil disuade a muchos Palestinos de regresar a casa, pero no a éste. Si hay una cosa que los Estadounidenses y Palestinos tienen en común es que nosotros "Nunca se Rinden". '

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